domingo, 24 de enero de 2021

Contenido 2: El Discurso

  

EL DISCURSO

Los oradores de mayor éxito son personas de gran vitalidad, que poseen en grado extraordinario la capacidad de transmitir vivencias y convicciones. Todos los oradores reconocen que no hay que leer nunca un discurso cuando se habla a una multitud. Una cosa es la lectura pública y otra la elocuencia. Cuando se leen los textos, se interpone “algo” entre el orador y el auditorio, impidiendo ese encuentro misterioso y vital que constituye la sustancia de la elocuencia. La lectura de un discurso quita a las palabras mucha de su fuerza vital.

Tampoco convienen pronunciar discursos aprendidos de memoria. Las fugas de memoria, siempre posibles, harían peligroso este método y el conferenciante u orador correrían el riesgo de quedarse mudos en medio de la disertación, además su presentación puede resultar insípida y carente de calor humano. Cuando ya se tiene más experiencia, el orador se limita a preparar cuidadosamente un esquema, a meditarlo largamente, buscando las fórmulas más felices y originales, e improvisando luego sobre los temas así creados y enlazados. Este método de libertad, seguridad y facilidad detiene todos los arranques que lleva consigo el calor del discurso y al mismo tiempo certeza de no dejar flotar al azar el pensamiento, ni la expresión. El itinerario del pensamiento esta jalado a tal punto que el orador no puede perderse, pero al mismo tiempo hay un gran margen de espontaneidad que es lo que le da vida al discurso.

Como norma práctica se aconseja a los principiantes que aprendan de memoria sus 5 ó 6 primeras conferencias, pero sin pronunciarlas luego enteramente de memoria.


1. El Estilo: Acerca del estilo hay que advertir, que cada uno debe de ser él mismo y de hablar conforme a su estilo personal. El estilo no es algo accesorio, en el fondo es uno mismo.

Otra advertencia que se ha de tomar en cuenta, es que en nuestra época, la pirotecnia verbal que antes parecía indispensable, ahora nadie la tolera. Un auditorio moderno de 30 alumnos en un aula o 1000 obreros en un acto sindical, quieren que el orador no haga rodeos inútiles: debe de ser preciso, concreto y de tono natural.

El estilo oratorio debe reunir algunos requisitos a saber:

Claro:
Se apoya en el más elemental sentido común: hablamos para comunicarnos con el prójimo y esta comunicación es imposible si no nos expresamos con claridad.

Fuerte y Vital: Es necesario transmitir vida ya que un auditorio tiende a la somnolencia colectiva o a la dispersión en pequeños grupos, hacen falta oradores existenciales, que simplemente transmitan vida. La vivacidad, el calor, la fuerza, el entusiasmo y el buen humor son virtudes fundamentales de la oratoria.

Ritmado: Toda palabra toma su ritmo a la vez del acento y de la respiración “la prosa oratoria tiene un ritmo que está a mitad de camino entre el verso y la prosa escrita.”

Adaptado: El conferenciante u orador debe de adaptarse a su tema y a su público. Es obvio que el estilo será diferente ya se trate de una oración fúnebre o de un brindis, se hable de un héroe muerto o de un vencedor deportivo; y además el orador debe preparar su discurso en función del público, pues uno habla para ser comprendido.

Directo: Cuanto más directo sea el estilo más dará la impresión de ser un hombre que habla humana y fraternalmente a otros hombres y mejor ocasión tendrá que sus palabras sean eficaces.


2.- La elocuencia del silencio: Una buena oratoria no sólo es hablar sino también utilizar silencios oportunos y expresivos como las palabras. No sólo nos referimos a los silencios de la puntuación (pausas) sino a detener el discurso en ciertos momentos en los que el silencio se hace más expresivo que las palabras. El silencio sirve para llamar la atención del que escucha e invitarle a la reflexión, además de servirle a usted para ordenar sus pensamientos y reemprender la comunicación.

A veces el silencio del comienzo atrae la atención de todos, en otras ocasiones hay que hacer silencio para realzar un párrafo “el silencio oportuno y prudente en medio del discurso es muy valioso.”

 



3.- La elocución: Es la manera de expresarse y está relacionada con la emisión de la voz. Dentro del fenómeno de la emisión de la voz se distinguen tres elementos:

Tono: Es la dimensión de las cuerdas vocales. La voz debe de tener un tono variado como en la conversación, pero no ha de caer ni en la monotonía ni en las disonancias. La impresión producida es fuerte, cuando se ejecuta bien la maniobra.

 

Intensidad: Es la fuerza de la emisión de la voz. Ésta tiene por origen la potencia de la aspiración del aire contenido en la caja toráxica.

 

Timbre: Es el matiz personal de la voz, constituye la originalidad de un instrumento musical y la personalidad de una voz. Hay voces bien timbradas, netas, armoniosas, casi reducidas a lo fundamental, roncas y chillonas; sin embargo usted debe hablar por la boca. No todos poseen una voz agradable, pero es posible cultivarla, extender su registro, desarrollarla, dulcificar asperezas, darle brillo y finalmente construirla a fuerza de estudio y practica constante.

 

Dicción: Este vocablo designa el acto mismo de decir, considerado en su materialidad. La dicción es la sirvienta de la elocución. Han pasado muchos años y aún perdura la imagen de Demóstenes, gran orador griego con grandes conocimientos e ideas, sin embargo queremos destacar que este poseía un defecto físico en el habla que le impedía comunicarse con soltura. Pues bien, este gran orador se entrenaba muchas horas en la playa pronunciando discursos; y para mejorar su dicción introducía pequeñas piedras en su boca, lo cual aminoraba y mejoraba ostensiblemente su forma de expresión. Tras un duro entrenamiento, logró perfeccionar notablemente su dicción y su oratoria.



4.- El Guion: El guion es el esquema que el orador debe preparar para su disertación. El guion se elabora en base a toda la información que se pueda documentar y las ideas que el orador tiene en su cabeza. Con todo el material seleccionado y a la vista debe de hacerse un plan-esquema en el cual esté implícitamente contenido todo lo que haya de decirse o por lo menos las ideas básicas que constituyen la parte principal del mensaje que se pretende trasmitir. Lo primero en importancia que hay que fijar en el guion es la idea central, o sea el objetivo que persigue el orador, es decir, ¿Qué diré? Este objetivo debe de ser claro,
concreto, preciso y susceptible de un enunciado muy breve. Es una idea que inspira al mensaje que está siempre presente en él. Es lo que respondería a la pregunta ¿Qué?, pregunta que el auditorio se hace en relación con el discurso, cuya respuesta no debe de escamotear el orador.

Sólo cuando está perfectamente clara y definida para el orador la idea principal de su mensaje ha de resolverse la manera ¿Cómo lo diré?, esa idea debe de ser presentada al auditorio para que sea entendida sin necesidad de un esfuerzo especial y contando con una atención normal media.




5.- Elementos Básicos del Guion: La buena estructura de un guion ayuda mucho a la claridad. No hay que olvidar que lo más importante para el que emite un mensaje verbal es ser escuchado y mantener a toda costa el nivel de atención supuestamente conseguido con la introducción, para lo cual debe emplearse una gran variedad de recursos según casos y circunstancias. Estos recursos pueden ser:

Amenidad: el orador debe de hacer entrar en juego la imaginación y fantasía para que se produzca una activa participación en el proceso del discurso. Hay que procurar que las ideas de algún modo se encarnen y tengan vida en la mente de todos.

Sentimiento: Es decisivo para una buena expresión oral. La esencia de la oratoria es hacer pensar y también hacer sentir; pero esto no sería posible si el orador no siente vivamente lo que está diciendo y así no se identifica con su propio mensaje.

Emoción: No significa desbordamiento y pérdida del control afectivo sino más bien su encauzamiento. La emoción ha de recaer sobre asuntos que por su naturaleza sean apropiados a este recurso oratorio. La emoción y sus síntomas han de ser verdaderos sin exageración ni artificio alguno, por eso el estilo patético rechaza la prolijidad de los razonamientos y las digresiones que tienden a frenar el desenvolvimiento de la pasión una vez movida.

Humor: Es uno de los mejores ingredientes para una oratoria eficaz. El que habla frente al público es en cierto modo, un animador, una persona más o menos eufórica de buen talento y de buen humor. El humor fino, auténtico, es un excelente vehículo de persuasión, una fuente inagotable de tretas y ardides para salirse airoso sobre cualquier situación, aunque uno no tenga el don de la palabra brillante. El humor permite improvisar salidas airosas en momentos de apuros.

 


6.- La Organización del Discurso: Una vez terminado el trabajo de información, hay que “madurarlo”, “fermentarlo.” Por otra parte, hay que estructurar el discurso, lo que equivale a hacer el plan. Todo esquema o plan de un discurso consta de tres partes:

 

a).- Introducción o exordio: Comenzar bien es de primerísima importancia; a través de la introducción entras en comunicación con el auditorio. A menudo se pierde o se gana al auditorio en las primeras frases. En el comienzo hay que anunciar las grandes líneas de la disertación para ubicar psicológicamente e intelectualmente al auditorio al tema. En la introducción también hay que interesar al auditorio, atraer la atención de los oyentes.

La extensión de la introducción debe estar a tono con el discurso entero. No encabecemos un corto discurso con una larga introducción, ni un largo discurso con un exordio insignificante.

Pueden utilizarse hasta cinco formas diferentes de introducción, cada una de ellas según el público y la ocasión en que toque pronunciarlas:


Fraseológico: Puede iniciarse mencionando una frase célebre, un poema, las letras de una canción o un pasaje bíblico que tenga relación con el tema a tratarse. Por ejemplo, para un discurso sobre "El éxito" se puede iniciar diciendo: Señores, como decía el Dr. Cristian Barnard, "El éxito comienza con la voluntad del hombre... piensa que puedes y podrás, … todo está en el estado mental del hombre".

 

Anecdótico: El público es un grupo de personas que siempre muestran curiosidad por conocer algo peculiar sobre el expositor o sobre el tema que se está presentando. Contar una anécdota de nuestra vida o sobre otra persona suele cautivar la atención de los oyentes. Por ejemplo: “Amigos, quiero contarles lo que me ocurrió la noche en que, en vez de besar a mi esposa bese a su hermana gemela, ese día yo estaba…”

 

Humorístico: También es válido contar un chiste u ocurrencia graciosa que tenga relación con el tema. No siempre los discursos tienen que ser serios o aburridos, la jocosidad le pone la chispa de vida a la exposición y evita que el público se canse o se aburra. Ejemplo: "¿Mamá, las pasas vuelan?"  No hijito, ¿por qué? "¡Ah... entonces me comí una mosca!"


Interrogativo: Esta introducción consiste en hacer preguntas al público sobre el tema a abordarse, pero nunca esperar una respuesta pues las preguntas son sólo de tipo referencial. El hacer preguntas sirve para demostrar al público que nosotros sabemos algo que ellos no saben y que estamos ahí para instruirlos. Ejemplo: ¿Sabían ustedes que don José de San Martín era “drogadicto”? ¿Sabían ustedes que Ramón Castilla nunca liberó a ningún negro?

 

Teatralizado: Es una forma efectiva de llamar la atención del público y comunicarle el tema que vamos a exponer. Se hace uso de la mímica, expresividad corporal y mucho ingenio. Por ejemplo, salir al frente y soltar un vaso de vidrio al suelo; éste se hará añicos, pero nos dará pie para hablar, por ejemplo, de la Ley de la gravedad, sobre la destrucción del mundo o sobre cualquier otro tema relacionado.

 

 

b).- Cuerpo: Es el núcleo central del discurso; en el desarrollo del asunto o del tema se dan los argumentos, se refutan ideas, se demuestra, se adopta posición.

El cuerpo del discurso debe cumplir con ciertas exigencias tales como: unidad, todo lo que se diga debe de estar relacionado con el tema, no hay que hacer mezclas sin sentido, ni repeticiones inútiles, además debe de haber un orden de ideas las cuales deben ir desarrolladas en un orden lógico. Debe de haber un “hilo del discurso” que en ningún momento debe de perderse. También hay que desarrollar las ideas con progresión, es decir poco a poco, marchar en forma creciente, avanzando por aproximación sucesiva, yendo siempre de lo simple a lo complejo. Cuando se pase de un asunto a otro se debe de hacer transición para que el cuerpo del discurso no sea un simple amontonamiento.

Algunas recomendaciones dignas de tenerse en cuenta en el desarrollo del discurso son las siguientes:

 

Documentarse ampliamente sobre el tema a exponerse.

• Cerciorarse de la veracidad de los datos a exponerse, no sea que nos retruquen y nos hagan pasar un mal momento. 

• Elaborar un pequeño esquema de las ideas a presentarse.

• Citar ejemplos, anécdotas, cifras y/o casos reales relacionados con el tema para hacerlo más didáctico.

• Y, sobre todo, hacer un discurso ameno y no muy extenso.

 

c). - Terminación: Es el punto más estratégico de un discurso. Lo que uno dice al terminar, las últimas palabras quedan sonando en los oídos del auditorio y probablemente son recordadas por largo tiempo. Resume toda tu argumentación para transformarla en haz de luz, pon de relieve las ideas que crees más importantes, con un estilo breve, enérgico y conciso, dirigido a la inteligencia y al corazón de los oyentes. Hay que terminar cuando el auditorio todavía quiere seguir escuchando.

Para efectos de conclusión y/o despedida, recomendamos las siguientes formulas:


Fraseológico: Se puede culminar mencionando una frase célebre o algunas palabras impactantes o motivadoras. Por ejemplo: “Y ya para terminar permítanme decirles que, ‘el éxito está compuesto de 1 % de inspiración y de 99 % de transpiración’, Muchas gracias."

 

Con vivas o hurras: Esta es una forma de conclusión que tiene por objeto dejar motivados a los oyentes a través de su participación activa y “cantada”. Por ejemplo: _ "Y ya para terminar, queridos amigos: ¡Viva la oratoria!” _ ¡Viva! -contesta el público. _ “¡Viva el éxito!” _¡Viva! –vuelven a contestar los oyentes.  

 

Por respuesta del público: En esta modalidad el orador hace una serie de preguntas al auditorio para que le contesten a través de un “Si” o un “No”. Las preguntas deben ser siempre de corte positivo. Por ejemplo: _ Señores, ¡¿somos los mejores?! _ ¡Si! -responde el público. ¡¿Somos triunfadores?! _ ¡Si! -vuelve a contestar el auditorio.

 

Por agradecimiento: El orador culmina su exposición agradeciendo a los organizadores, auspiciadores, público presente y algunas veces a los oradores que lo antecedieron. Ejemplo: _ "Y para culminar quiero expresar mi agradecimiento a la Cámara de Comercio por haber permitido mi presencia esta noche... Hasta pronto"


Mixto: Es una forma que combina indistintamente los diferentes tipos de conclusiones existentes. Pueden mezclarse una forma fraseológica con una de agradecimiento. Ejemplo: “Para despedirme quiero expresar mi agradecimiento a la Universidad Nacional de Trujillo por haberme permitido estar con ustedes y sobre todo reiterarles aquellas palabras cristianas que dicen: ¡Sed firmes hasta el fin y recibiréis la corona de gloria…Hasta siempre!”




7- Métodos para exponer un discurso

El Método Inductivo: La inducción consiste en elaborar un discurso partiendo de lo particular hasta arribar a lo general; el conocimiento de hechos unitarios o segmentarios hacia el conocimiento de la regla general, es decir hacia la generalización.

 

Método Deductivo: Llamamos deducción a aquella forma de exposición en la que el orador empieza por el aspecto general de las cosas para llegar luego, a lo particular; también, de los planteamientos y leyes generales hasta los planteamientos y leyes específicas.

 

Método Analógico: La analogía es la relación de semejanza entre cosas distintas. Es un razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.

 

 

Referencia bibliográfica:

Artola Narváez, Krigguer Alberto (2009). Manual básico de oratoria. Editorial Universitaria, UNAN – León. Disponible en: https://www.academia.edu/4915454/MANUAL_B%C3%81SICO_DE_ORATORIA_MANUAL_B%C3%81SICO_DE_ORATORIA

Alban Alencar, A.: (2007) Manual de oratoria, Edición electrónica gratuita. Texto completo en https://www.eumed.net/libros-gratis/2007b/302/index.htm

 

 

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